Entrevista a O. Aleksandr en la revista IGLESIA EN VALLADOLID

- El comunismo quiso borrar del mapa a Dios.
¿Cómo se encuentra la fe en este país?
Rusia siempre ha sido un país cristiano y muy amante de María, que la ha protegido especialmente. La huella del comunismo ha sido muy profunda, pero de eso hablaremos más tarde. Actualmente existen bastantes elementos positivos: un tanto por ciento muy elevado de rusos ya está bautizado, no existe el laicismo axfisiante que mina la vida religiosa de Occidente, hay una minoría de creyentes, más o menos un 2% del país que lleva una vida de oración profunda y de mortificación.
Por otro lado hablar de la fe en Rusia significa hablar de ecumenismo. En este sentido la situación no suele ser mala al nivel de las relaciones personales entre católicos y ortodoxos. Por el contrario muchas veces te das (y se dan) cuenta de que podemos disfrutar juntos de la pluralidad en la unidad, pues sentimos una gran unidad en la fe y una gran riqueza que cada confesión puede aportar a la otra. En el nivel de las relaciones entre Vaticano, Arzobispado de Moscú y Patriarcado Ortodoxo, las cosas no acaban de solucionarse, pues son complicadas. Hay que articular una gran apertura ecuménica con la protección de la libertad de actuación de los católicos rusos, tanto de rito latino como greco-católico y eso no siempre es fácil.


-Nos dicen que el marxismo ha arrasado con las vidas de los pueblos, estropeando más aún su economía, y con la de las personas, privándoles de libertad de pensamiento y de acción. ¿Cómo es y cómo está la gente en Rusia?
Rusia es muy grande y muy compleja. Siempre lo ha sido. Los rusos son gente abierta y simpática, que rápidamente se cuentan la vida los unos a los otros y se apoyan en las dificultades. Actualmente hay un proceso de fuerte mejora económica, lo que permite al país comenzar de nuevo a creer en sí mismo.
Sin embargo las huellas de la deshumanización producida por el marxismo son fortísimas. La familia está prácticamente destrozada. El número de abortos realizados ha sido enorme y eso pesa en las conciencias de la gente. La persecución a que ha tenido sometido el país la KGB no es algo que puede ser borrado en un suspiro. Además existe una gran pobreza, no como la africana, pero sí muy difícil de llevar. Muchísimas cosas no funcionan, todo se rompe (los coches, la calefacción, la nevera, los cordones de los zapatos, el firme de las carreteras...) rápidamente. Por eso la vida es difícil tanto material como espiritualmente y hay un grado de alcoholismo inimaginable y también hay problemas de drogas, aunque en menor cantidad, pues la población no puede permitirse comprarla. Eso repercute en la infelicidad de las “familias”, que por otro lado suelen vivir bastante hacinadas en las llamadas “comunalnias”: poder comprar un piso es algo reservado a un tanto por ciento muy reducido del país.
Además, el mundo político no tiene claro el camino a seguir. No se quiere volver al comunismo, pero sí que se vuelven a modos y maneras soviéticas, en cierto sentido para potenciar un sentimiento de nacionalismo. Quizás por eso, a diferencia de lo ocurrido en otros países de la ex-URSS aquí todavía no se han decidido a borrar las huellas del comunismo. Han pasado ya 20 años desde el gran cambio realizado por Gorvachov y Lenin sigue en la plaza roja de Moscú custodiado por el ejército en Moscú y el acorazado “Aurora” custodiado y venerado por la Armada. En este sentido se puede decir que en los últimos años ha habido en Rusia un proceso de pérdida de libertad.


- ¿No es terriblemente difícil adaptarse a un país tan distante en la lengua, la cultura, etc?
La verdad es que sí que es difícil. Sobre todo por el sentimiento de falta de libertad, que se acentúa cuando uno es sacerdote católico, pues aunque no se puede hablar de persecución contra los católicos sí se puede decir que somos vigilados y que tenemos continuas dificultades para hacer las cosas más normales de la vida de las parroquias (por ejemplo, el año pasado, casi nada más llegar, las autoridades del país “invitaron” al párroco con el que trabajábamos y al que ahora hemos sustituido a abandonar temporalmente el país. Menos mal que pudo regresar al cabo de unos meses, otros muchos sacerdotes católicos y un obispo, han sido expulsados definitivamente. Todo eso repercute incluso a nivel físico y muchos de los sacerdotes y religiosas que trabajan aquí suelen tener problemas de tipo psicosomático. Más o menos el proceso de adaptación suele durar dos años o más, hasta que uno comienza a sentirse a gusto en esta tierra.

-¿Vale la pena el esfuerzo que estáis haciendo?
En esta vida sólo vale la pena hacer lo que uno cree en conciencia que Dios le pide, sea en Rusia o en Valladolid. En Rusia, sin embargo, está casi todo por hacer y en ese sentido resulta apasionante. No hay un solo día en el que no ocurra algo fuera de lo normal, positivo o negativo. Ciertamente aquí el aburrimiento no existe. Además la gente necesita de Dios y los católicos necesitan pastores que les conforten y les fortalezcan en la fe y les ayuden a vivir en libertad y con alegría. Por ejemplo, en Ujtá, donde acabamos de registrar la parroquia ante las autoridades civiles, hubo que recoger 10 firmas de católicos para presentar todo el papeleo. Alguno de los que firmaron esa noche no durmieron, por miedo a las consecuencias. ¿Cómo no ayudarles y acompañarles en la vida de fe, que han sabido mantener –a duras penas- durante los años de persecución comunista?

-¿Por qué habéis querido ir a ese país?
Para trabajar en Rusia como sacerdote, religioso o laico dedicado a trabajar en las instituciones de la Iglesia, se necesita vocación. Hay que estar dispuesto a quedarse pase lo que pase. Si no es así la gente no resiste y se vuelve. Por eso creo que no se puede decir que nosotros hayamos querido ir a Rusia sino que el Señor y su Madre Santísima nos han encomendado esta tarea, cosa que le agradecemos desde lo más profundo del corazón. Hemos venido a Rusia porque creemos que el Señor nos quiere aquí: es la única razón.

-¿Cuáles son vuestros principales objetivos?
Cuando se habla de Rusia en occidente se suele pensar que en Rusia todo el mundo tiene el corazón ortodoxo. Sin embargo, esto no es así. Hay muchísima gente que ama la tradición eclesial oriental (entre otros nosotros mismos) y debemos colaborar con ellos. Sin embargo, por diversos motivos personales e históricos, también hay muchísima gente que no ama esta tradición eclesial y nunca querrá acogerla como su propio camino. Eso nos plantea un objetivo, que se puede decir, general: colaborar en crear una iglesia latina rusa en Rusia. Existen unas formas francesas, españolas o italianas de vivir el catolicismo latino, sin embargo no existen unas formas rusas. Estas o son orientales o son importadas, fundamentalmente desde Polonia. A nosotros se nos pide que profundicemos en el alma rusa y sepamos con los elementos de su cultura y de su tradición crear una iglesia muy latina y muy rusa al mismo tiempo. Esto es algo que llevará muchos años, exige que haya vocaciones sacerdotales autóctonas y un largo etc.. Sin embargo, ya se puede suponer, que esto es apasionante: hay que crear la música, las formas litúrgicas, la literatura ascética...

Además de eso nosotros tenemos nuestros pequeños objetivos parroquiales, que son los siguientes: crear un clima de normalidad y alegría en la parroquia y para eso en primer lugar procurar arreglar la situación matrimonial de nuestros parroquianos: sin familias no se puede construir la Iglesia. En segundo lugar pedimos al Señor que perseveren las 10 personas que se han unido a nuestra comunidad en este último año. Además de esto en Pushkin (100.000 habitantes) estamos luchando por recuperar el templo católico que sigue siendo utilizado por el Museo de Tsarskoe Tseló como sala de conciertos. Eso nos permitirá poner allí el sagrario y también desarrollar una labor social más intensa, aunque ya estamos empezando a actuar en este sentido, de momento especialmente con niños y ancianos. Además existe el proyecto, para el futuro, de construir un santuario a la Virgen de Fátima, pues no hay ningún santuario mariano católico en toda Rusia. En Kolpino (otra ciudad de 150.000 habitantes que atendemos) nos gustaría cambiar el lugar de la parroquia y pasar del escondido apartamento en el que estamos a un pequeño edificio exento que pueda ser conocido por la gente. En la República de Komi, que es nuestra segunda parroquia (2.000.000 de habitantes) y tiene una extensión parecida a la de toda España, el objetivo para el año que viene es comprar algo donde poder instalar una capilla (la primera de un “país”, casi podría decirse) e ir todos los meses cuatro o cinco días, como paso previo para que algunos sacerdotes –nosotros u otros- vayan a vivir allí definitivamente. También tenemos varios proyectos editoriales, estamos realizando un icono de la Virgen de Fátima, un altar de estilo clasicista ruso... y muchas cosas más.

- ¿Existe alguna manera de colaborar con vosotros?
Necesitamos la oración de la gente. Hay muchas cosas que están tan fuera del alcance de nuestras posibilidades humanas que sólo el Señor nos las va consiguiendo. Además en España hemos formado una Asociación para quien quiera ayudarnos. Se llama Asociación de Amigos de Rusia “San Nicolás”. Allí se pueden enviar donativos y también estipendios de misas, con las cuales también ayudamos a otros sacerdotes rusos. Sus datos son los siguientes: Asociación de Amigos de Rusia “San Nicolás”, C/Corregidor Costilla 2, 5º C, 24700 Astorga (León). Teléfono en España : 987618379. Teléfono en Rusia: 007.812.4666502. Número de cuenta: Santander Central Hispano: 0049-4625-71-2316315171. E-mail: rusiassannicolas@terra.es. Página web, todavía en construcción: www.san-nicolas.org.


-Con la nueva visión que estáis adquiriendo ¿qué diríais a la Iglesia en Valladolid?
Lo primero que querría es saludar a mis antiguos parroquianos de Bercero, Berceruelo, Mucientes, Fuensaldaña, Aldeamayor y La Pedraja, y decirles que aunque les escribo poco, sigo rezando por ellos y recordándoles. Por lo demás, a la Iglesia en Valladolid le diría que esté muy unida a Don Braulio. Aquí, donde el Arzobispo lo tenemos a 700 o a 2000 km (desde Komi), se ve que la estructura diocesana es una gracia de Dios y que la unidad es la única manera de ir adelante, además de un don de Dios. En Valladolid, hace dos años se ha abierto un período que puede dar muchísimos frutos si los cristianos viven con fidelidad y unidad, que son dos formas muy actuales, me parece, de revivir en la diócesis el modo de vida de los primeros cristianos que “perseveraban unánimes en la oración en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” Hech 1,14.