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Queridos amigos:
Después de la despedida en nuestras Diócesis de nuestros respectivos Obispos (Don Braulio en Valladolid y Don Camilo en Astorga) y de unos cuantos días de estancia en Rusia y en Roma, José Francisco y yo hemos sacado un rato para contaros como van las cosas y agradeceros tantas atenciones y oraciones. Sentimos no haberlo hecho antes, pero como no tenemos conexión a Internet, las cosas se complican y resulta más difícil la comunicación.
La verdad es que todos y cada uno de estos días han sido bastante intensos. Pero hay sobre todo algunos momentos muy importantes que ahora os contamos, esperando que también a vosotros os ayuden.
Dos de estos son los momentos romanos del encuentro con el Papa y con el Prelado del Opus Dei. Aunque también hay que reconocer que los diversos encuentros con los sacerdotes amigos -¡qué bien nos habéis tratado!- en las pizzerías romanas no estuvieron nada mal y están casi, casi al mismo nivel (quiero decir, entre bromas y veras, que la fraternidad es casi tan importante como la filiación).
El encuentro con el Papa del día 28 de Noviembre fue estupendo. El papa estaba muy cansado, pero dijo la misa entera. Luego pudimos saludarle un momento. Gracias a Dios pudimos colocarnos los últimos, porque Don Estanislao animaba a la gente a darse un poco de prisa. Cuando llegamos nos pusimos de rodillas y le dijimos algunas cosas. Que nos íbamos a Rusia, que nos diera su bendición ahora y también cuando ya estuviera en el cielo, a lo que espondió sólo con una palabra: bendición y un gesto: la bendición. Luego también le dijimos que éramos sacerdotes diocesanos y de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz (que está unida inseparablemente con el Opus Dei y de la que pueden formar parte los curas de las Diócesis). Y nos fuimos. Entonces Don Estanislao nos preguntó en ruso si hablábamos ruso y le contestamos en ruso que poco y mal. Luego le dijo a Kiko: tú si eres del Opus Dei, pero éste no (señalándome a mi). Y yo dije: ¡Cómo que no!. A lo que contestó riéndose: con esas barbas no puedes ser del Opus Dei. Y ya aproveché para pedirle que diera al Papa mi libro del Rosario, a lo que accedió.
El encuentro largo con el Padre (el Prelado del Opus Dei y Presidentre de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz), fue al día siguiente, el día 29. Ese día fuimos a Villatevere por la mañana, hablamos con varios sacerdotes, celebramos Misa, nos invitaron a comer y luego fuimos a la tertulia con el Padre, en la que se habló de Rusia. Después nos enseñaron la casa y estuvimos con el Padre y Don Fernando como 45 minutos. ¿Qué nos dijo el Padre? Durante la tertulia preguntó sobre muchas cosas de Rusia, del coste de la vida, de la religiosidad de la gente... y nos animó mucho: Sois muy afortunados, porque veréis muchas cosas, tocaréis con las manos cosas grandes. Ahora sí que empieza una revolución, pero no como la del 17. Se alegró mucho cuando le dijimos que llevábamos con nosotros un sagrario, y nos dijo que no tendríamos problemas para pasarlo, como así fue. Aunque sí que temimos tenerlos, porque nos hicieron abrir el paquete en el aeropuerto, mientras nos llegaban los mensajes alentadores de Don Ramón Labiaga desde España, que decían: ¡Duc in altum!... . Luego estuvimos a solas con él y Don Fernando. Llegó con un panetone y turrón para la Navidad y nos regaló un rosario bendecido por Nuestro Padre. Nos dijo, más o menos, vais a Rusia para servir a la Diócesis y también para preparar la historia de la Obra en Rusia, más aún, vosotros sois ya esa historia. Y nos dio un montón de consejos para la convivencia en común, insistiendo sobre todo en la fraternidad de la que nos habló dos veces un rato muy largo y en que cuidásemos la vida interior e hiciésemos todas las normas y costumbres. Nos dijo incluso que nos confesásemos el uno con el otro y nos diésemos el círculo y la meditación. Nos dio también consejos pastorales: que cuidásemos el confesonario, la catequesis... Nos animó a dedicar muchas horas al ruso... y nos contó como habían hecho en otros sitios para aprender el idioma al llegar... Al final, cuando ya se iba nos dijo: Tenéis mucha suerte, tenéis mucha suerte. Y más allá: pareces un ruso con esas barbas. Y se fue.
Pero al cabo de un momento sonó un teléfono. Era el Padre, que decía que esperásemos. Y volvió con un pequeño icono de la Virgen de Kazán, que le acababa de regalar y nos dijo: Como al llegar a la habitación me he encontrado que tenía dos iguales, -el otro se lo había regalado yo a otra persona, pero también había acabado en la habitación del Padre- aquí os devuelvo uno de los dos. Y nos dio uno de los dos iconos firmado: "Mater nostra, Regina Russiae, adiuva nos, ora pro nobis! Romae, 29-XI-2002".
¿Y cómo van las cosas en Rusia? Se puede decir que bastante bien. Aunque la policía nos ha sacado mil quinientos rublos con malas artes y nos han intentado robar un par de veces, la verdad es que todo va adelante. Estuvimos con Mons. Kondrusiewicz en Moscú y estamos viviendo en la casa del párroco con el que vamos a trabajar en Pushkin. Ya tenemos concertado el visado hasta el verano, el trabajo en la parroquia y las clases de ruso. Y estamos buscando un piso. La verdad es que la Inmaculada -y la familia Matta durante los días de Moscú- se han portado asombrosamente y al final de la novena ya tenemos todo lo fundamental arreglado.
Así que hasta la próxima. Un saludo para todos y la petición de que contestéis y de que recéis muchas avemarías por esta tierra, pues cada vez estoy más convencido de que Rusia es un pequeño país de este mundo en el que Jesús camina siempre de la mano de su Madre María.
Un abrazo
Alejandro
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